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Rastros de crisis. Tras las huellas del futuro

Del mismo modo que los rostros nos cuentan sus vivencias, o su historia, a través de surcos, arrugas o la lisura de la piel, la mirada o los gestos…, de igual manera, las calles y los elementos que las configuran, nos hablan del lugar, de su gente y de su devenir…, de su pasado, su presente y, seguramente…, de su futuro…

Entre signos, elementos que se integran como símbolos, restos, rastros, colores y texturas… encontramos dialogando las fotografías que María Isabel Muñoz y Raquel Rodríguez nos brindan para mostrarnos, precisamente, el rostro de una ciudad en estado de crisis.

Aunque no toda crisis tiene que ser negativa, pues el término en sí significa cambio, y no todo cambio tiene por qué ir a peor, en este caso, el azote de la crisis económica sí que ha transfigurado materialmente el entorno, las calles de Almería capital, donde se han tomado todas las imágenes.

Los signos y elementos del deterioro se convierten entonces en símbolos de la destrucción…, de dejadez, de la tristeza por un abandono que a su vez puede traer suciedad, empobrecimiento de zonas enteras, de edificios, aceras, paredes derruidas, casas vacías, puertas o ventanas tapiadas, ya sin vida…

Pero, ante un panorama así… ¿por qué no mirar más allá de esa superficie infravalorada?, ¿por qué no dejar que la mente y el corazón transmuten lo que observan en tensiones vivas, en horizontales y verticales excitantes, en colores y texturas casi exóticas, en curiosas convivencias de cemento con óxidos, carteles despegados y una planta que reverdece en la fisura de una esquina derrumbada?…

Hay vida después de todo, detrás de todo escombro, porque las crisis pueden ser personales o de más escala, a nivel estatal, social, bélico, histórico y mundial, pero siempre tienen un elemento común: dejan huella… Múltiples huellas, como estos rastros reconvertidos en un conjunto de imágenes que ha escogido el soporte fotográfico como medio de expresión, aunque podría haber sido el narrativo, audiovisual o pictórico….

En este caso la fotografía ha servido de herramienta directa de comunicación, entre documental y expresiva, como recurso para reconciliarse con lo hallado y explicar, de forma emocional y creativa, lo que veían y sentían al andar o pasear por sus calles de siempre. Mª Isabel y Raquel nos exhortan a través de su mirada, con la elección de cada detalle fotografiado y con la selección final de cada imagen del proyecto, de casi 1000 instantáneas en una larga gestación (casi dos años), hasta destilar la esencia de su idea: el diálogo con el entorno en un proceso de salir-mirar/sentir-fotografiar.

El resultado es una composición fotográfica (en forma de panel a gran escala) junto a una serie de imágenes individuales como contraste; todo, a su vez, configurado como mosaico de sensaciones y estímulos visuales donde María Isabel (diseñadora gráfica) y Raquel (fotógrafa) han ido volcando todo lo encontrado en sus salidas fotográficas (con cierto parecido a la estrategia de la deriva, dentro de la “psicogeografía” propuesta por los situacionistas de los años 70, donde se recorrían espacios de forma emocional para descubrir, dejándose llevar, y crear, en una forma de subversión ante la realidad y el arte convencional), pero con método: trabajando, primero, el material por temáticas, para ordenar lo que querían transmitir, alrededor de las palabras: Cerrado-Vacío-Cicatrices. Así estructuraron todo el juego de símbolos, detalles o planos más amplios, con diversos enfoques, más abiertos o más cerrados, estos últimos más concretos y más abstractos también, dando paso a la subjetividad, algo importante para ellas. De manera que no estamos ante un reportaje o archivo de restos de un naufragio, sino ante un discurso, no narrativo al uso (lineal), sino emocional, artístico, donde lo bello o estético no está reñido con la realidad del objeto retratado…

Tres palabras (que encierran múltiples conceptos a su vez) han bastado para darnos a conocer los sentimientos y la reflexión en torno a algo vivo pero fantasmagórico, que nos puede aterrar pero atraer, que puede ser visto como suciedad y deterioro, o como una impostura estética, la atracción de lo decadente, …el fin…, o el comienzo de algo…

Las fisuras de un mundo conocido se desvanecen, se cuelan por las rendijas de nuestra mente, y quizás, al salir de la sala de exposiciones (o al terminar de ver este catálogo), veremos otro mundo paralelo al del exterior agresivo, y creeremos, porque lo desearemos, que otro lugar es posible, pero reconstruyendo desde las huellas, cicatrices y restos del pasado…

Los rastros son indicios, los pasos son certezas… María Isabel M. y Raquel R. dejan huellas de futuro con sus imágenes…

Maribel Úbeda

Crítica e Historiadora del Arte y Técnico en Fotografía artística

Almería, 2017

 

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